3
Ene
2009
Dentro del tren, cuando todavÃa faltaban unas horas para llegar a Viena, ella, algo incómoda por la pareja que discutÃa se levantó de su asiento, cogió sus pertenencias y recorrió el vagón hasta encontrar un sitio libre junto a él. Mientras colocaba nuevamente sus cosas la miró fijamente y en cuanto ella le vio, apartó tÃmidamente la mirada. Un instante después cruzaron de nuevo sus miradas y él casi sin saber qué decir le preguntó si entendÃa lo que decÃa la pareja que discutÃa. Ella respondió que su alemán no era muy bueno. Fue entonces cuando se conocieron.
Intercambiaron algunas frases sobre qué hacÃa cada uno y a dónde se dirigÃan. Ella le contó que regresaba a su ciudad, ParÃs, después de haber ido a visitar a su abuela a Budapest. Él habÃa salido de Madrid hacÃa dos semanas a recorrer Europa en tren hasta llegar a Viena, que era donde debÃa coger el avión que le llevarÃa de vuelta a casa. La propuso ir al vagón restaurante para seguir charlando y ella se encontraba tan cómoda que accedió sin casi pensarlo. Hablaron durante algunas horas. Opinaban sobre esto y aquello pero sin llegar a profundizar en sus respectivas situaciones personales. Eso si, compartieron algunos detalles de su pasado que difÃcilmente lo harÃan con personas de confianza.
Estaban tan centrados el uno con el otro que sin darse cuenta estaban llegando a la estación de Viena. Él debÃa bajarse y ella continuarÃa en el tren hasta ParÃs. No fueron muchas horas pero la mutua atracción era tal que él propuso que ella se bajara del tren y le hiciera compañÃa hasta las nueve de la mañana del dÃa siguiente, hora en la que partirÃa hacia el aeropuerto para coger su avión y ella podrÃa continuar a ParÃs. La convenció brevemente argumentando, entre otras cosas, que quizás ella, en un futuro cuando estuviera casada y con algún hijo se preguntarÃa si aquel chico que conoció en aquel tren no serÃa el hombre de su vida y que al dejar pasar la oportunidad nunca lo sabrÃa y se sentirÃa desgraciada por tener que conformarse con lo que ya tenÃa. Miró por la ventanilla pensando que iba a hacer una locura pero le sonrió y cogiendo sus cosas, bajaron juntos del tren.
Era temprano y hacÃa un tiempo estupendo para pasear. Mientras cruzaban por un puente, sin decirse nada se miraron fijamente, sonrieron y se sinceraron al decirse que era una situación extraña. No sabÃan muy bien de que hablar ni a dónde ir. No conocÃan la ciudad pero él sacó una pequeña guÃa de Viena y mientras procuraba encontrar algún museo ella decidió preguntar a dos personas que pasaban por su lado. Estos les contaron que eran actores de teatro y les ofrecieron unas entradas para ver su función esa misma noche.
Viena tiene el encanto de una antigua ciudad europea. Pasearon por sus calles mientras de alguna manera empezaban a intimar. Se notaba que entre ellos existÃa algo más que la pura casualidad del encuentro y estaban como dos enamorados sin saberlo. Entraron en una vieja tienda de discos dónde al fondo de la misma habÃa una cabina para poder escucharlos. Ella le mostró un vinilo de una de sus componentes favoritas y él le ofreció escucharlo en la cabina. Con mucha suavidad posó la aguja sobre el disco y comenzó a sonar una voz acompañada de una guitarra. Uno junto al otro en aquella estrecha cabina evitaban mirarse mientras sonaban los acordes de la guitarra. Cuando ella sentÃa que él la miraba procuraba esquivarlo hasta que él dejaba de mirarla. Era entonces cuando ella clavaba su mirada en él.
AtardecÃa en Viena y frente al parque se encontraron con una feria. Continuaban sin parar de hablar acerca de las relaciones entre hombres y mujeres. Acerca de lo complicado que los seres humanos hacemos de las relaciones de pareja. Subieron en la enorme noria, dónde las cabinas eran más parecidas a un teleférico. Una vez arriba y parados, contemplaron el atardecer de la ciudad sobre sus pies. Admiraban aquel paisaje. Él no pudo resistirse a mirarla fijamente. Le pareció un momento mágico que hacÃa mucho tiempo que no sentÃa. Ella le devolvió la mirada y poco a poco se acercaron más el uno al otro. Sin perder su mirada de vista y a escasos centÃmetros de sus labios él la susurró que le gustarÃa hacerle una pregunta y ella sin dudarlo le dijo que si le iba a preguntar si podÃa besarla. Ella lo estaba deseando…




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