Parece que fue ayer cuando publiqué un último post del año. Prácticamente acababa de estrenar este blog. Hoy, de nuevo, es el último día del año. Para mí es un final de año con grandes cambios en el que reflexionar por todo lo acontecido. Los propósitos realmente importantes no han salido como yo esperaba así que es tiempo de meditar y seguir luchando para conseguirlos algún día.

A medida que pasan los años tengo la sensación de que todo en la vida se hace más duro, difícil y en consecuencia carente de sentido en muchas ocasiones. A veces uno no sabe por qué se esfuerza y con qué objetivo. Quizás sea el miedo. La percepción de que todo principio tiene un final y aunque cueste reconocerlo, todo final tiene un principio. Es el miedo a lo desconocido y lo que está por acontecer. Nos cuesta tomar decisiones por miedo a equivocarnos y a perder lo que ya tenemos “asegurado”. Incluso dejarse llevar también produce inseguridad. Con el paso de los años…¿que esperamos de la vida? ¿Merece la pena realmente esperar algo de esta vida? Pienso que uno puede estar esperando toda la vida y nunca obtener lo que busca o creía haber encontrado. A veces no depende de nosotros. La realidad de la vida, a mi modo de entenderla -y siempre basada en mi propia experiencia- es que desde que nacemos hasta que morimos la vida es sufrimiento. Buscamos pequeños o grandes detalles que nos alejen de esa agonía que a veces nos impide avanzar o ver las cosas con más claridad. Se consigue con mucho esfuerzo, pero se termina consiguiendo. Los altibajos de nuestra experiencia nos hacen meditar. También gracias a los errores tenemos la oportunidad de mejorar y aprender de nosotros mismos para hacer nuestra vida mucho más agradable, llevadera y plena.

Cuando sentimos que todo va bien en la mayoría de los aspectos de nuestra vida nos olvidamos que también existe la otra cara de la moneda. Es un gran error olvidarse de ello y no prevenirse. En psicología budista lo llaman “atención plena”. Nos hacemos egoístas, individualistas y queremos apuntar tan lejos que dejamos de lado la parte más sencilla y muy probablemente más gratificante de la vida y es, precisamente, lo que tenemos a nuestro lado. ¿Quién no ha mirado fijamente la lejanía del horizonte buscando el camino del bienestar cuando en realidad lo hemos tenido todo el tiempo a nuestro lado? A veces nos empeñamos en buscar respuestas tan lejos que acabamos perdiéndonos. Como decía Buda, el camino es el destino. Un camino que muchas veces nos resulta imposible de continuar y tenemos la sensación de morir lentamente mientras perdemos la costumbre de vivir. Hay que continuar ya que el tiempo es escaso. Como he escuchado por ahí, muy pronto en la vida es demasiado tarde.

Todo está en constante cambio aunque no nos demos cuenta. Parece que a nuestro alrededor las cosas o las personas son inmutables. Todo cambia. Lo que creías tener hoy mañana desaparece. Las personas que están hoy contigo, mañana se irán de tu lado. Los grandes cambios en nuestra vida es algo para lo que no se nos prepara. Simplemente llega y tienes que afrontarlo cueste lo que cueste. Así es la vida. Injusta la mayoría de las veces. Pensamos que no lo merecemos pero ahí estamos haciéndonos preguntas sin respuesta mientras miramos el pasado. La verdad está dentro de nuestro ser y nadie puede ayudarte. Estamos solos. Mirarnos al interior, confiar en uno mismo y tener esperanza es la única manera de comprender nuestra visión de la vida y de este mundo la mayoría de las veces incomprensible.

Mis mejores deseos para todos en este próximo año 2009.
Néstor